Fantasías

Por Giselle Santacruz Martínez


No me había percatado que las bestias son mis propias aflicciones, que las sombras siguen persiguiéndome porque han sido mis errores y que la obscuridad sigue ahí porque si no nunca hubiera reconocido la luz.

Dentro de todo esto que llamamos vida siempre encuentro algo oculto e inexplicable que me asusta, me provoca un suspiro, me alienta, me inquieta y me hace preguntar de nuevo, ¿qué hago aquí?

En este mundo de lo relativo en donde sí hay luz debe de existir oscuridad, en donde la alegría se ve opacada por las negligencias de la vida misma y donde el amor te impide ver lo que en verdad eres, lo único con lo que cuento es con lo que veo y siento, no hay nada más. Porque todo lo que hay en este mismo momento, está a punto de ser descubierto por el sonido de mi voz, sólo tengo que aprender a escuchar el silencio que me rodea.

Corro sin darme cuenta que no he aprendió a caminar, sueño aún sin haberme propuesto una meta, me enamoro sin ser correspondida, lloro sin haber sido lastimada y sonrió ante aquello que parece no tener motivo alguno. Sin embargo mi sombra es la misma, ingenua, acostumbrada a estar sola en los momentos en los que el viento traspasa los poros de mi piel y me surge la necesidad de abrazarme a toda las interrogantes de mis pensamientos. He visto la luz en cada uno de los rincones de mi pequeño mundo y a pesar de que la obscuridad ha llamado a mi puerta, no ha podido penetrar por completo la totalidad misma de mis ser.

Tengo miedo de encontrarme en un laberinto lleno de puertas pero sin llave alguna. Vivo dentro de un caparazón, protegiéndome de dragones ocultos, envueltos en las tinieblas de sus corazones incapaces de reconocerse, incapaces de amar. Lobos hambrientos, con sed de venganza, víboras tratando de dar una mordida concisa, fuerte, penetrante, donde su veneno puede hacerte perder el control. Camaleones ocultándose de ellos mismos, aparentando múltiples colores para no caer en los infortunios del destino. Águilas volando alrededor de una cerca, buscando seres incapaces de valorarse a si mismos, para ser comidos de un solo bocado. Moscas revoloteando en tu mente, confundiéndote, haciendo que desesperes y pierdas la concentración. Alacranes que sólo buscan tu punto débil para poder vengarse de lo que ellos mismos no han podido conseguir. Sirenas esbeltas, bellas, impactantes, huecas, vacías, sigilosas, inmortales, todo lo solucionan con una mirada para después devorarte en las profundidades más ocultas del mar. Seres escondidos entre piedras tratando de que tropieces con tus inseguridades, sombras que caminan a tu lado susurrándote tus debilidades, el miedo sofocándote el último aliento y la maldad asechando el momento de tú último latido.

Todo ocurre al momento en que mis pies tocan el firmamento, estoy entre los árboles ocultándome de mi destino, huyendo de las ataduras, de las bestias que me asechan impacientes, ansiosas de que caiga.

Cuando tropiezo no quiero seguir, prefiero tomar el camino más fácil…morir, llenarme de lodo. Pero mis deseos tan solo son ideales no son sentimientos, no son convicciones.

Miro mis manos, tienen ampollas, están sangrientas, sucias, de hecho todo mi cuerpo lo está, pero el alma sigue ahí impaciente, joven, lúcida…viva. Me levanto, miro hacia el cielo, imploró una oración y soy escuchada. Todo debe de seguir así, porque si no, no tendría sentido, no tendría razón de ser y por lo tanto, no estaría ahí.

No me había percatado que las bestias son mis propias aflicciones, que las sombras siguen persiguiéndome porque han sido mis errores y que la obscuridad sigue ahí porque si no nunca hubiera reconocido la luz.

En un instante me encuentro rodeada de mariposas, libres, delicadas, armoniosas, con calor, naturales, amorosas, ellas son mis emociones, mis sentimientos, mi ser… soy yo.

Un alma, un corazón, una ráfaga de viento que ha caminando un tramo del camino, incapaz de deslumbrar lo que se avecina kilómetros adelante, lo que le espera. Pero ahí está viviendo con más intensidad, con más temor hacia aquello que todavía desconoce y con más amor que el día anterior. Ya no corro, me detengo, prefiero caminar, decido platicar con las bestias que me acompañan, escucharlas , comprenderlas, para después abandonarlas.

Si me caigo, primero veo y deslumbro los seres que se encuentran en lo más ingenuo del mundo subterráneo, los saludo y me despido, los veré en otra ocasión. Las flores me acompañan, me alimentan, me cuidan.
De nuevo volteó imploró una oración y soy escuchada, dirijo mi mirada al horizonte, diviso un largo camino. Ahí me encuentro, estoy rodeada de una luz deslumbrante, feliz, dichosa… amada. Me saludo, me doy unas palmadas de aliento para seguir en mi camino, para lograr lo inexplicable… encontrarme a mi misma.