Mi abuela y mi infancia

Por Verónica Pérez

Nací en México, tengo 36 años, ahora radico en San Diego, California, Estados Unidos, desde hace 14 años, voy para 15 en diciembre y mi abuelita tiene 10 años de fallecida. Es algo difícil de contar porque mi historia tiene de todo, buenos y muy malos momentos.

Esto empieza cuando yo tenía 2 años y medio, fue en el momento que mi madre me entregó con mi abuela, prácticamente me regaló, dijo que no podía conmigo, así que un día que ella fue de visita, me dejó con mi abuela, no lo pensó dos veces, antes de que se fuera arrepentir, agarró unas cuantas cosas y me llevó con ella. Esta parte la cuento así, porque una de las habilidades que poseo es la memoria desde los dos años y recuerdo exactamente los detalles, tengo esa escena presente porque recuerdo mi pastel con dos velitas y a pesar de que mi madre en su momento me dijo que no era posible recordar, pues con la pena, pero recuerdo todo en el momento que mi abuelita entró en la casa, cómo se veía el día medio nublado y de repente soleado, cuando se sentaron en la sala y empezaron hablar mientras yo corría como chiva loca de un extremo a otro; recuerdo sus caras y el momento cuando mi madre agarró unos zapatos blancos, vestidos también blancos y recuerdo las palabras que me dijo: “Ya te vas con la señora Luisa y ya no vas a regresar”.

No sé porqué, pero no sentí, feo al contrario, me dio emoción porque iría a la calle. Recuerdo que tomé su mano y salimos del departamento. Ni siquiera voltee ni me despedí de mi madre. Salí contenta, todo el camino fue de felicidad. Mi abuela no habló para nada. Me acuerdo cómo nos subimos al metro, después al tranvía y por último, a un camión de los que en ese entonces llamaban “Delfines”.

Todo esto para mi es como una cinta muy clara, porque cuando vi el Estadio Azteca grité y dije: “¡Qué grande casa!”, porque ella vivía al sur de la ciudad, en Tlalpan. Cuando entramos a su casa y empezó a contarle a su pareja porqué yo estaba ahí. Yo no conocí a mi verdadero abuelo, es mas, ni mi papá lo conoció porque mi abuela nunca le dijo quién era, pues ella le tenía mucho resentimiento al señor, así que fue un secreto que se llevó a la tumba, porque nunca hizo comentario alguno de él con mi padre, en cambio a mí sí, pero me pidió que nunca le dijera nada, porque mi abuelo no fue bueno.
Hay tanto que contar.

Mi historia inicia cuando mi abuela nació en Puebla, en un pueblito llamado Tecuanipan en 1926. Fueron años muy difíciles llenos de pobreza y de una familia numerosa de once hermanos, incluyéndola a ella, más otros que no lograron vivir, por ejemplo sus hermanos que fallecieron cuando su madre estaba embarazada sin saberlo y como era una mujer que siempre estaba trabajando duro, tuvo un aborto con el dos gemelos niños. Mi abuela me contó que eran tan pequeños, que los metieron en una caja de zapatos y en la madrugada los fueron a enterrar.