Alba Martínez Olivé

Cuando me llegó la invitación de Laura a escribir me cayó como anillo al dedo. Hacía poco que mi abuela había muerto y yo tenía muchas ganas de contar de ella. Sin embargo no tenía muy claro cómo… ni acababa de agarrar valor…
En mi casa, supongo que porque venimos de una guerra y estamos enganchados en la idea de que el futuro debe ser mejor, no se ha acostumbrado contar del pasado. Miramos al frente y seguimos.
También hay una suerte de pudor excesivo…
Hemos escrito, sabemos del valor de la palabra puesta en blanco y negro, mi abuelo, mi madre, yo misma. Pero escribimos sobre los demás, no sobre nosotros y algo se va quedando, que no se cuenta, que no se transmite… que se pierde irremediablemente en el tiempo.
Supongo que lo mismo, de una forma u otra, les pasa a los demás y es de lamentar. Nos empobrece a todos como colectivo.
Por eso, la decisión de Laura de convertirse en Tejedora de historias es notable. Ahí tenemos una red que no nos dejará caer cuando queramos contar… ahí hay un abrazo que nos convence de que nuestra palabra vale y merece ser preservada…
Hoy más que nunca esa decisión es valiosa. Hoy más que nunca vale la pena que los comunes y corrientes pongamos sobre el papel o en el ciberespacio nuestros afanes y nuestras maneras de ir apostando con nuestros gestos cotidianos por la vida.
Por eso, muchas, muchas gracias, Laura.

valentin

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